
En junio de 2026, varios medios publicaron que el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México generará casi 70.000 millones de euros de actividad económica global.
La cifra impresiona.
Si fuera cierta en términos netos, significaría que organizar un Mundial es uno de los negocios más rentables que puede hacer un Estado.
Pero los datos históricos cuentan una historia diferente.
El mapa del dinero
| Mundial | Gasto del país anfitrión | Ingresos FIFA (ciclo) |
|---|---|---|
| Sudáfrica 2010 | ~7.200 M$ | 4.190 M$ |
| Brasil 2014 | ~15.000 M$ | 5.720 M$ |
| Rusia 2018 | ~11.600 M$ | 6.420 M$ |
| Qatar 2022 | ~220.000 M$ | 7.570 M$ |
| EE. UU./CAN/MEX 2026 | ~3.000 M$ (est.) | ~13.000 M$ (proyect.) |
En 2026, por primera vez en la historia, la FIFA podría ingresar más de lo que gastan los tres países anfitriones juntos.
La FIFA no invierte: cobra
Antes de analizar a los países anfitriones, hay que entender qué hace exactamente la FIFA.
En el ciclo de Sudáfrica 2010, FIFA ingresó 3.660 millones de dólares. En Brasil 2014, 4.800 millones. En Rusia 2018, 5.360 millones. En Qatar 2022, batió todos los récords con 7.570 millones.
La tendencia es lineal. Cada cuatro años, más.
Para el ciclo 2023–2026, FIFA proyecta ingresos de 13.000 millones de dólares, casi el doble que el ciclo anterior.
¿Cuánto invierte FIFA a cambio? La inversión operativa en Qatar 2022 fue de aproximadamente 1.700 millones de dólares, que cubrió marketing, gestión del torneo y operaciones televisivas.
Es decir: la FIFA ingresó 7.570 millones e invirtió 1.700 millones. El margen bruto fue de aproximadamente 5.870 millones de dólares en un solo ciclo.
El negocio no consiste en organizar fútbol. Consiste en vender los derechos de organizarlo.
Sudáfrica 2010: el primer laboratorio moderno
Sudáfrica fue el primer Mundial africano y el primero en el que los costes desbordaron claramente las expectativas iniciales.
El país gastó aproximadamente 7.200 millones de dólares en total, con más de 4.000 millones destinados directamente a infraestructura y estadios.
Los resultados económicos fueron modestos. El Mundial añadió aproximadamente un 0,5% al PIB de Sudáfrica en 2010. El gasto turístico recuperó apenas el 2,5% del gasto total en organización.
El legado de las infraestructuras, presentado como el argumento central para justificar la inversión, quedó en entredicho cuando varios estadios pasaron a estar infrautilizados al acabar el torneo.
Brasil 2014: el estadio parking
Brasil es el caso que mejor ilustra la trampa del legado prometido.
Las preparaciones para el Mundial costaron entre 11.000 y 15.000 millones de dólares, según la fuente consultada.
El estadio más caro, el Mané Garrincha, costó 550 millones de dólares y sirvió para apenas un puñado de partidos en los meses posteriores al torneo. Hoy funciona como aparcamiento de autobuses.
El gasto turístico tampoco compensó. Los ingresos por turismo recuperaron el 10% del gasto total en organización. Una mejora respecto a Sudáfrica, pero un retorno muy marginal sobre una inversión de esa magnitud.
FIFA, mientras tanto, generó casi 5.000 millones de dólares de ingresos en ese ciclo, aproximadamente la mitad procedentes de derechos televisivos, sin aportar nada a los costes de organización del torneo.
Rusia 2018: el caso más eficiente
Rusia es el único caso reciente en el que los números se acercan a una lógica razonable para el país anfitrión.
El coste oficial fue de 11.600 millones de dólares, con más del 70% procedente de fondos públicos.
| Concepto | Rusia 2018 |
|---|---|
| Coste oficial del país | 11.600 M$ |
| Fondos públicos | >70% |
| Turistas durante el torneo | 570.000 |
| Gasto turístico directo | ~600 M€ |
| Ingresos FIFA (ciclo) | 6.420 M$ |
El retorno turístico fue el mejor de la serie moderna: 570.000 visitantes extranjeros y un gasto medio de aproximadamente 1.050 euros por persona.
El ratio entre lo que ingresó la FIFA y lo que gastó Rusia fue de aproximadamente 1 a 1,8. Cada dólar que captó la FIFA costó casi dos dólares al Estado ruso.
Qatar 2022: el caso que lo rompe todo
Qatar es un caso tan extremo que no debería usarse como referencia analítica para ningún otro Mundial. Pero sí sirve para entender la lógica del modelo FIFA en su versión más desnuda.
Qatar gastó aproximadamente 220.000 millones de dólares entre 2010 y 2022 en proyectos vinculados al Mundial, incluyendo el metro de Doha, carreteras, ampliación del aeropuerto y hoteles.
La FIFA ingresó 7.570 millones en ese ciclo y devolvió al país anfitrión unos 1.700 millones para cubrir operaciones del torneo.
| Concepto | Cifra |
|---|---|
| Gasto total Qatar | ~220.000 M$ |
| Del que estadios + operaciones | ~10.000 M$ |
| Del que infraestructura nacional | ~210.000 M$ |
| Ingresos FIFA (ciclo) | 7.570 M$ |
| Retorno de FIFA al anfitrión | ~1.700 M$ |
El argumento oficial de Qatar es que la mayor parte del gasto habría ocurrido igualmente como parte del plan nacional de desarrollo Qatar 2030. Es un argumento parcialmente válido. Pero también es un argumento que la FIFA no financia ni garantiza.
El coste que no aparece en los titulares
Hay un capítulo que sistemáticamente queda fuera del debate público: las exenciones fiscales.
La FIFA exige a los países candidatos exenciones fiscales totales para la organización, sus socios corporativos y los patrocinadores oficiales. Alemania ofreció a FIFA una exención estimada en 272 millones de dólares cuando acogió el Mundial de 2006. Brasil y Sudáfrica siguieron el mismo modelo en sus respectivas ediciones, estableciendo zonas libres de impuestos alrededor de los estadios.
Este coste no computa como “gasto en el Mundial”. No aparece en los presupuestos de organización. Pero es dinero público que deja de ingresar al Estado anfitrión mientras la FIFA y sus socios comerciales operan en territorio nacional.
Por qué 2026 es diferente
El Mundial de 2026 cambia la ecuación de forma significativa.
Los tres países tienen infraestructura existente. Los 16 estadios seleccionados son recintos ya operativos que requieren adaptaciones, no construcción desde cero. El coste estimado ronda los 2.500–4.000 millones de dólares, una fracción de lo que gastaron Qatar, Brasil o Rusia.
La FIFA, en cambio, proyecta ingresos de entre 11.000 y 13.000 millones para este ciclo, impulsados por la ampliación a 48 equipos y 80 partidos.
El precedente de 1994 es relevante: solo Los Ángeles generó 623 millones de dólares de actividad económica, y el conjunto de ciudades anfitrionas superó los 1.000 millones.
El problema con los 70.000 millones
La cifra de 70.000 millones de euros de actividad económica global es el tipo de número que parece sólido y es, en realidad, el más difícil de interpretar.
Cinco problemas concretos:
Actividad no es beneficio. Un turista que gasta 1.000 euros en un hotel genera actividad económica. Pero si ese hotel pertenece a una cadena que repatría beneficios fuera del país, el valor retenido localmente es marginal.
Sustitución, no creación. Parte del gasto turístico habría ocurrido igualmente. El turista habitual que no va ese mes porque los precios se han multiplicado es un coste que no computa.
Multiplicadores discutibles. Economistas como Andrew Zimbalist llevan años cuestionando la validez empírica de los modelos de multiplicador utilizados en los estudios de impacto de grandes eventos deportivos.
Horizonte temporal. La cifra mezcla impactos de distinto plazo sin distinguir cuál es inmediato, cuál se produce años después y cuál nunca llega a materializarse.
Quién encarga el estudio. Los estudios de impacto económico de los Mundiales suelen ser encargados por los propios organizadores, con incentivos obvios para maximizar las cifras proyectadas.
Lo que queda realmente en las economías locales
| Canal | Certeza | Magnitud |
|---|---|---|
| Gasto directo de turistas | Alta | Media-baja (10-20% del gasto total) |
| Empleo temporal | Alta | Real pero transitorio |
| Exposición mediática / marca-país | Media | Alta a largo plazo, no cuantificable |
| Infraestructura con uso post-evento | Variable | Alta si bien diseñada; cero si es un estadio parking |
El problema estructural es que los canales de mayor retorno son los más difíciles de medir, y los estudios de impacto tienden a sobreestimar precisamente los más inciertos.
Detrás del titular
La noticia es que el Mundial 2026 generará decenas de miles de millones en actividad económica global.
Pero detrás del titular hay una lectura más incómoda.
Los datos históricos muestran que los países anfitriones casi nunca recuperan en términos netos lo que invierten en organizar un Mundial. Sudáfrica recuperó el 2,5% del gasto vía turismo. Brasil, el 10%. Rusia fue el caso más eficiente y aun así gastó casi dos dólares por cada dólar que ingresó la FIFA.
Qatar ilustra el modelo en su versión más extrema: el Estado pone el escenario, asume el riesgo, exime de impuestos a los socios comerciales de la FIFA y entrega la infraestructura construida. La FIFA, que no invierte en estadios ni en carreteras ni en seguridad, captura un ingreso garantizado contractualmente antes de que el primer balón ruede.
La hipótesis más popular —que los Estados pagan la fiesta y la FIFA disfruta el palco VIP— no es incorrecta. Pero es incompleta.
La versión más precisa sería esta: la FIFA ha construido un modelo en el que los Estados compiten por el privilegio de financiar el evento que genera los ingresos de la FIFA. El espectáculo es real. El beneficio para el anfitrión es incierto. El beneficio para la FIFA, contractualmente garantizado desde el primer día.
En 2026, por primera vez, los países anfitriones tienen la estructura suficiente para que el evento pueda ser rentable en términos netos. La pregunta no es si habrá actividad económica. La habrá. La pregunta es si alguien hará las cuentas completas cuando acabe.